El Centro Oceanográfico de Málaga ha acogido en el grupo de Ecología del Plancton y Retos Ambientales (EPRA) a Miguel Carmona, estudiante del Grado en Ingeniería del Software de la Universidad de Málaga, quien ha realizado sus prácticas de empresa entre el 6 de abril y el 9 de junio.
Miguel concentrado trabajando en la base de datos
EPRAbd |
Durante este tiempo, Miguel ha colaborado estrechamente con el grupo EPRA, donde ha tenido la oportunidad de aplicar sus conocimientos tecnológicos en un entorno científico muy diferente al habitual en su formación académica. Su principal aportación ha sido el diseño y desarrollo de una base de datos en PostgreSQL que permitirá organizar, estructurar y centralizar todos los datos generados por el equipo.
Nuestro grupo dispone de una valiosa serie temporal de datos ambientales y de comunidades de pico-, micro- y mesoplancton marino procedentes de las aguas nacionales en el Mar Mediterráneo, que abarca desde 1992 hasta la actualidad. La creación de esta base de datos supone un gran avance en la gestión y análisis de los datos, ya que permite recopilar de manera eficiente toda esta información, realizar búsquedas específicas por periodos de tiempo, zonas de muestreo o variables de interés, y facilitar la descarga de los datos sin riesgo de pérdida o duplicación.
Imagen de portada de la base de datos EPRAbd |
Además, Miguel no solo se ha encargado del desarrollo técnico, sino también de la transferencia de conocimiento al equipo. Para ello, ha impartido varios seminarios prácticos dirigidos a los miembros del grupo, en los que ha explicado el funcionamiento de la base de datos y se han debatido distintas opciones que ha incorporado en el diseño para aumentar su usabilidad. Asimismo, ha elaborado los manuales para el uso, la edición y la administración de la base de datos, que servirán como guía para la gestión eficiente de la herramienta en el día a día.
Portada del Manual
EPRAbd |
Gracias a este trabajo, contaremos a partir de ahora
con un sistema más seguro, ordenado y accesible para gestionar los datos, algo
fundamental en un entorno científico donde la calidad, trazabilidad y
disponibilidad de la información son aspectos clave para el desarrollo de la
investigación.
Pero más allá de lo técnico, esta experiencia ha
supuesto para Miguel su primer contacto con el mundo laboral y, en particular,
con el ámbito de la investigación marina, un campo muy alejado inicialmente de
su especialización en ingeniería del software. Este acercamiento le ha
permitido descubrir cómo sus competencias pueden integrarse en disciplinas
científicas muy distintas, aportando soluciones útiles y necesarias.
La experiencia ha resultado especialmente
enriquecedora para él. En sus propias palabras: “Sinceramente, me ha gustado
mucho mi estancia allí. Siempre he vivido aquí en Málaga y, aunque haya pisado
tanto la playa, nunca me había planteado que se esconde dentro. Me ha parecido
muy interesante todo lo que he aprendido allí.”
Su testimonio refleja cómo las prácticas no solo
contribuyen al desarrollo profesional, sino que también amplían la perspectiva
personal, permitiendo redescubrir el entorno más cercano desde un punto de
vista completamente nuevo.
En definitiva, esta colaboración pone de manifiesto
cómo la tecnología y la ciencia pueden ir de la mano, generando sinergias que
impulsan tanto la innovación como la formación de nuevas generaciones de
profesionales.








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